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miércoles, 21 de octubre de 2009

REVISITANDO A DARIO ARGENTO: “SUSPIRIA” Y “PHENOMENA” (SEGUNDA PARTE)

Probablemente haya muchas razones por las cuales Phenomena sea un film de Dario Argento menos apreciado que Suspiria, y que van más allá del hecho de que este último posea una pátina de “clásico” de la cual el otro carece (reflejo de esa postura a veces, no siempre, mezcla de nostalgia y de comodidad, en virtud de la cual se prefieren los títulos más antiguos, ergo “consagrados”, de un realizador en detrimento de los más modernos, sobre todo si estos últimos son tan poco estimulantes como los que ha firmado Argento de un tiempo a esta parte). Como digo, habrá muchas razones para ello, pero aquí voy a apuntar una en particular: que Phenomena carece de la llamativa estética de Suspiria, o de otras obras con las cuales esta última mantiene determinada relación de orden visual y de cercanía en el tiempo de su realización y que precisamente también se cuentan entre las más reputadas de su carrera, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975) e Inferno (ídem, 1980). Al contrario que Suspiria, Phenomena no es una película bella y (presuntamente) elegante, sino fea y más bien abrupta, por más que afloren esporádicamente en su superficie algunas soluciones de cierto refinamiento. Pero en cualquier caso la verdad es que ambos títulos están muy emparentados entre sí.

Suspiria, recordemos, giraba básicamente en torno a la odisea de Suzy, una estudiante de danza norteamericana internada en una misteriosa escuela alemana que resultaba ser el refugio de una bruja. Phenomena tiene una trama hasta cierto punto similar, dado que se centra en esta ocasión en una chica estadounidense de 14 años, Jennifer (Jennifer Connelly), asimismo interna en un colegio para chicas, aquí de nacionalidad suiza, aunque en esta ocasión no se presta tanta atención al ambiente
de ese lugar. Si la protagonista de Suspiria era bailarina, Jennifer no hace gala de ninguna cualidad artística relevante pero de un modo u otro también guarda relación con el mundo del arte dado que su padre es, se dice, un famoso actor de cine que tiene que trabajar durante un año en las Filipinas (apurando mucho, el hecho de que el padre de Jennifer trabaje en un arte que se basa en conceptos como representación, fingimiento y mentira da pie, en cierto sentido, a “justificar” que el personaje de la chica sea aquí alguien que, como luego se verá, hace gala de unas facultades paranormales superiores, mucho más irreales y “fantásticas”, que la sensibilidad hacia lo sobrenatural de Suzy en Suspiria). Jennifer es todavía más joven que Suzy, prácticamente una niña, con lo cual en esta ocasión el proceso de madurez de la protagonista de Phenomena subraya todavía más la indemnidad e indefensión de la muchacha y lo que de radical entrada en el mundo de los adultos, vía una experiencia aterradora, supondrá para ella todo lo que sucede en el film; Argento acentúa, si cabe, el componente virginal de Jennifer mostrándola a menudo vestida de blanco y con calcetines cortos de ese mismo color; sobre todo en el último tercio del relato, la chica verá cómo su ropa blanca, y con ella su inocencia, es literalmente ultrajada a base de barro y putrefacción.

Phenomena reincide en la alusión a la tradición del cuento de hadas, y repite el uso de la voz en off para presentar a la protagonista: “Y así, Jennifer llegó a Suiza procedente del Nuevo Mundo para pasar su primera e inolvidable noche en el Colegio Ricardo Wagner (sic) para señoritas”, que al contrario que en Suspiria no se oye durante los títulos de crédito sino más adelante, después de que se haya producido una primera situación de tensión (un primer asesinato) y la presentación del personaje de Jennifer, justo cuando el coche que la lleva desde el aeropuerto se detiene en la puerta del internado. Por otro lado, de creer lo que explica Salvador Bernabé en su libro sobre Argento, y no hay razón para no hacerlo, Argento eligió a Jennifer Connelly para el papel protagonista, tras haberla visto en su primera película, Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984, Sergio Leone), por su parecido físico con la Blancanieves de Walt Disney. Sigue apuntando Bernabé, en este mismo sentido, que diversos episodios de las aterradoras aventuras de Jennifer en Phenomena estarían inspirados en otras tantas peripecias de Blancanieves, de tal manera que la secuencia de la odisea nocturna de una sonámbula Jennifer en el bosque vendría a ser un equivalente del momento en que Blancanieves es llevada a otro bosque para matarla, y la escena en la cual Jennifer está a punto de morir por culpa de la pastilla que le ha dado Mrs. Bruckner (Daria Nicolodi) equivaldría a la de la famosa manzana envenenada de la madrastra bruja (al hilo de esta argumentación, añadiría por mi parte que las escenas en las cuales Jennifer demuestra que los insectos no sólo no le hacen daño, sino que incluso acuden en su ayuda cuando los necesita, vendrían a ser una revisión, pasada por el filtro de lo sobrenatural y de cierta perversión, de las escenas en las cuales los animales del bosque ayudan a Blancanieves a limpiar o a perseguir a la madrastra).

A pesar, vuelvo a insistir, de que Phenomena carece de la belleza estética de Suspiria; y a pesar, incluso, de que contiene momentos de gran fealdad, hay algo en esta película que, hasta cierto punto, me inspira mayor simpatía que Suspiria (o que Rojo oscuro, otro film que adolece de muchos de los defectos de esta última: fragmentos de gran refinamiento visual se mezclan con muchos, demasiados instantes que parecen resueltos con brocha gorda; no voy a pronunciarme aquí y ahora sobre Inferno, dado que hace muchos años que no he vuelto a verla y el recuerdo que guardo de ella es demasiado borroso). Me refiero a que Phenomena es, con todos sus defectos, una película más equilibrada y mucho menos desigual en intenciones y resultados que Suspiria; hasta considero que sus escenas de asesinato son más concisas, menos “numerito”, que las de Suspiria, un film que a mi entender pretendía estar iluminado bajo la luz negra de Thomas de Quincey pero sin conseguir que el crimen acabara siendo una de las bellas artes; en cambio, Phenomena se me antoja más compacta y coherente en su conjunto, por más que sus ambiciones artísticas y sus pretensiones estéticas estén siempre por debajo de las de Suspiria, pero el resultado final es, respecto a esta última, más eficaz.

La primera secuencia de Phenomena, el asesinato de una joven turista danesa (Fiore Argento) a la cual el autocar en el cual viajaba ha dejado abandonada en un bello rincón de las montañas suizas, logra crear inquietud jugando con la violación de una de las reglas no escritas del cine de terror, la noche y la oscuridad, haciendo que buena parte de la secuencia se desarrolle a la luz del día y en un paisaje idílico: una idea que Argento ya había ensayado en el film que precede a Phenomena en su filmografía, el horrible Tenebrae (ídem, 1982), sólo que aquí está más conseguida. El hermoso entorno campestre filmado con grandes planos generales, combinado con los andares titubeantes de la chica que se ha extraviado en ellos, sugiere una rara turbulencia; posteriormente, cuando la joven entra en la cabaña para pedir ayuda, la oscuridad del interior de la misma y ciertos detalles de construcción de la secuencia (esos insertos de las cadenas ceñidas a la pared, acompañadas de guturales gruñidos en off, que van siendo tironeadas hasta ser arrancadas por “alguien” o “algo”…) remiten al terror más tradicional; pero, tras una primera y afortunada manifestación de lo maligno –expresada en uno de esos detalles sádicos que tanto gustan al realizador romano: la chica corre hacia una ventana cerrada y la golpea para pedir ayuda: en ese preciso instante, unas tijeras se hunden en el dorso de su mano y la dejan momentáneamente “clavada” a esa ventana—, la visualización del terror vuelve a producirse a la luz del día: la joven logra huir de la cabaña y corre por un sendero que conduce cerca de unas cataratas, seguida en cámara subjetiva por ese “algo” o “alguien” que la agrede y que termina con su vida a cuchilladas. La secuencia es algo tosca, pero funciona.

Otro aspecto que me llama la atención de Phenomena reside en la insistencia en la presencia de animales y de qué manera ello tiene su íntima relación con el substrato del relato y la evolución del personaje de la protagonista (de la misma manera que, salvando las distancias, mediante otro planteamiento, en Suspiria los elementos fotográficos y escenográficos ayudaban a dibujar el estado de ánimo de su protagonista, tal y como comenté en la entrada dedicada a este film). En este sentido, la elección de Jennifer Connelly para encarnar a la heroína del relato, con su aire no sólo “a lo” Blancanieves, como ya hemos visto, sino también de “niña bien”, resulta adecuada; por encima, incluso, de que la todavía muy joven actriz estuviese un poco verde como intérprete, si bien en este caso esa frescura, esa inocencia, esa belleza aparentemente intocada juegan a favor de uno de los aspectos que definen al personaje de Jennifer: su pureza. Desde su primera aparición, ya en el coche que la lleva del aeropuerto al colegio Ricardo Wagner, queda claro que, tal y como ella misma explica con absoluta naturalidad, los insectos nunca le hacen daño: durante el trayecto, juguetea tranquilamente con una abeja que recorre su brazo y su mano dejando que ella la acaricie y sin picarla. De hecho, en todo momento se tiene la sensación de que Jennifer es capaz de salir indemne de la situación más peligrosa, lo cual va creando alrededor de ella una especie de aureola sobrenatural: en su primera noche en el internado, se levanta en sueños (más tarde explicará que suele sufrir crisis de sonambulismo) y lleva a cabo un arriesgado paseo por la cornisa del edificio; lo único que la saca de su ensoñación es, precisamente, la aterradora visión de un asesinato: otra mujer joven es matada sin miramientos y con un arma blanca frente a una ventana del mismo internado justo cuando la protagonista pasea por delante de ella: la visión del rostro ensangrentado de la nueva víctima del asesino despierta a Jennifer, que se tambalea y cae de la cornisa…, pero, increíblemente, ¡no se hace el menor daño! (la larga chaqueta que lleva puesta se engancha en el agujero que se abre en la cornisa y por el cual se precipita, amortiguando su caída; es más: un momento antes vemos a Jennifer pisar con sus pies descalzos los cristales de la ventana que el asesino ha roto golpeándolos brutal y sádicamente con la cabeza de su víctima, imagen ésta muy recurrente en el cine de Argento, y a pesar de ello en ningún momento advertimos que haya en los pies de Jennifer el menor rasguño). A renglón seguido, Jennifer es recogida por un par de chicos que viajan en un descapotable y que luego, desaprensivamente, la abandonan en medio del bosque, echándola a rodar por una ladera; a pesar de eso, Jennifer no se hace herida alguna… No será la última vez que la heroína de Phenomena haga gala de esa cualidad para salir bien librada de los peores apuros: en el clímax del relato, como ya hemos apuntado líneas atrás, logrará sobrevivir por muy poco a la pastilla envenenada que le suministra Mrs. Bruckner a base de hacer notables esfuerzos por vomitarla; y, más tarde, salvará la vida tras pasar por pruebas tan duras como verse sumergida en una repugnante fosa séptica repleta de cadáveres putrefactos, escapar de los colmillos del monstruoso hijo deforme de Mrs. Bruckner, saltar de una lancha en llamas antes de que estalle y sortear bajo el agua la mancha de gasolina inflamada que cubre parte de las aguas del lago. Como apunta con acierto Salvador Bernabé: “El dramatismo ritual se completa con una doble inmersión acuática: un pozo lleno de aguas fecales y restos de cadáveres en el vientre de la casa, y el lago en el que Jennifer se sumerge para huir del monstruo, y del que renacerá debidamente convertida en mujer”.

Esta indemnidad casi a prueba de bombas de Jennifer (como la de Suzy en Suspiria), completamente inverosímil, resulta en Phenomena “verosímil” si se tiene en cuenta el estrecho vínculo mágico o sobrenatural que existe entre ella y los insectos, lo cual da pie a algunos de los mejores apuntes e ideas de la película. En una de las escenas en las cuales Jennifer visita al entomólogo McGregor (Donald Pleasence), este último se asombra ante el hecho de que los numerosos especímenes de insectos y arañas que están dentro de las pequeñas jaulas de cristal que adornan su laboratorio se alborotan ante la presencia de la chica; incluso hay un momento en el cual Jennifer acaricia en presencia de McGregor un insecto de peligrosa picadura con el convencimiento de que a ella no le hará ningún daño, tal y como así ocurre; McGregor le explica que, aparentemente, hay algo en Jennifer que excita incluso sexualmente a los insectos… Asimismo, y dentro de este orden de cosas, tampoco es casual que la chica se haga amiga de McGregor en base a dos buenas razones: su condición de experto en insectos y, además, de hombre viejo y paralítico, esto es, sexualmente impotente y, para ella, inofensivo: físicamente incapaz de manchar su pureza. Más adelante, las compañeras de internado de Jennifer se burlan cruelmente de ella por el mero hecho de ser la hija de un actor famoso, y la joven se deshace del acoso de las chicas convocando mágicamente una nube de insectos que cubre, amenazadora, el internado, mediante la siguiente invocación: “Os amo… Os amo a todos…”. Una similar masa de insectos voladores salvará la vida de Jennifer precipitándose sobre el niño-monstruo, como si fueran conscientes de que su “reina” se encuentra en peligro.

La protagonista tiene un vínculo con los insectos que, desde luego, va más allá de la mera simpatía: en una de sus noches de sonambulismo, una luciérnaga conducirá misteriosamente a Jennifer a través de unos matorrales, proporcionándole la pista que le servirá a McGregor para urdir un plan para descubrir al asesino: un guante repleto de pequeños gusanos que, explica el entomólogo, tan sólo se encuentran en los cadáveres. A modo de mcguffin hitchcockiano no exento de ingenio, McGregor idea que Jennifer se lleve consigo un insecto que sólo se alimenta de cadáveres humanos (“el gran necrófago”), lo deje libre por el campo y lo siga… En este sentido, Jennifer vendría a ser ella misma una especie de “insecto humano”, dado que reúne en su persona una serie de características propias de estos animales, esto es, su resistencia a todo tipo de adversidades y su capacidad para entablar con ellos una especie de conversaciones silenciosas o cuasi telepáticas. Sus peripecias acaban siendo, a la postre, más “animalescas” que humanas, habida cuenta de que la joven habrá de recurrir antes a sus instintos primarios y a sus dotes para la supervivencia que a su inteligencia humana o a “educación civilizada”; se verá, en resumidas cuentas, forzada a seguir insectos que le señalan el camino, a pisar cristales con los pies desnudos, a tocar gusanos, a atravesar el bosque, a vomitar un veneno en medio de grandes convulsiones, a chapotear como un escarabajo pelotero en medio de la inmundicia, a correr para librarse del acoso del niño-monstruo, a huir del fuego como un conejo y a bucear como un pez con tal de salvar la vida. Paradójicamente, la actitud, digamos, más “humana” aparecerá en la figura de la chimpancé de McGregor, amaestrada para obedecer las órdenes de su paralítico amo, y que al final acabará imitando la conducta de los seres humanos para salvar in extremis a Jennifer y, de paso, vengarse de Mrs. Bruckner, la asesina de McGregor, empleando un arma asimismo muy “civilizada”: una navaja de afeitar (antes hemos visto a McGregor reprochándole a la chimpancé que haya empuñado un afilado bisturí, acaso un primer indicio de la inclinación del animal hacia las armas blancas, ergo, a comportarse de una forma excesivamente “humana”).

Es una pena que, como en muchas otras ocasiones, Argento sea el primero en estropearse a sí mismo porque, frente a este caudal de interesante ideas, Phenomena se desequilibra notablemente por culpa de algunos notorios defectos. Pienso, sobre todo, en la execrable utilización de música heavy metal en diversos momentos del relato, tan abusiva que hace echar de menos los excesos de los Goblin para Suspiria, por más que quizá haya en ello la búsqueda de un determinado efecto de extrañamiento… Y si bien, curiosamente, las escenas de asesinatos no son de las peores de su director, antes al contrario (a la ya mencionada de la turista danesa del principio hay que añadir la de McGregor: el momento en el cual el anciano entomólogo descubre la figura siniestra de su asesino en la oscuridad iluminándolo con su pequeño láser resulta muy turbadora), hay instantes de Phenomena en los cuales, además de desequilibrios de guión –toda la trama secundaria centrada en la investigación policial del inspector Geiger (Patrick Bauchau) tiene muy poca relevancia—, aflora el peor efectismo del realizador: así, ciertos detalles truculentos del clímax del relato (el inspector Geiger se rompe un pulgar para poder quitarse las esposas); en particular, la torpe orgía de sangre, a base de acumular un golpe de efecto tras otro, que caracteriza la secuencia final (llegada de Jennifer a la orilla del lago / aparición de Morris, el abogado de su padre / decapitación de Morris a manos de Mrs. Bruckner / degollación de Mrs. Bruckner a manos de la chimpancé de McGregor). Tampoco convencen demasiado algunas fugas oníricas, breves pero metidas con calzador, tales como diversos insertos que ilustran las pesadillas de Jennifer, o ese extraño plano subjetivo con la foto quemada de la escena en la que la muchacha recupera el conocimiento en brazos de los chicos del descapotable que la recogen tras haberse caído de la cornisa. (Nota bene: aconsejo, si se quiere ver esta película en DVD, hacerlo en la copia editada por Manga Films, que no he tenido ocasión de ver pero que, por deficiente que pueda ser, seguro que no será peor que la copia editada por la firma OK Records que tuve la desgracia de echarme a los ojos).

7 comentarios:

  1. A pesar de su mala fama, hace unos años, mientras me interesaba por el giallo y el cine de Argento me dio por verla y me pareció muy estimulante, aunque ya en algunas escenas asome una filosofía del "todo vale" que estropea bastante el conjunto. Y es que momentos como todo el tramo final en el lago con el chaval deforme recuerdan más a una secuela de "Viernes 13" que a las obras más reputadas de Argento.

    Respecto a lo que dices que e una película bastante "fea"... hay de todo, y me pregunto si no habrá tenido algo que ver aquí la mala calidad de la copia que has visto. Es innegable que la película carece del gusto por el esteticismo por e lpuro placer de serlo de "Suspiria" o "Rojo oscuro", y que tiene momentos estéticamente desagradables, como la caída de Jennifer Connelly a la fosa de los cadáveres, pero al mismo tiempo hace gala de una planificación y un uso de los espacios muy vistoso, como ocurre en el asesinato del prólogo. Está claro que Argento (aún) no quería despedirse del todo de su adorada estética. También en otra de sus películas posteriores, "El síndrome de Stendhal" bascula entre cierto esteticismo, ni que sea auto-impostado (las escenas oníricas, sobretodo las de la galería de los Uffizzi, el uso de los exteriores) y la mugre de otros escenarios (el escenario de la violación de la protagonista por parte del villano).

    Nada que objetar en cambio sobre los apuntes que haces sobre la concepción del personaje protagonista, me parecen muy afortunados. Mientras veía la película notaba algo extraño, anómalo, en el personaje de la Connelly, pero como sucede tantas veces no era capaz de decir exactamente qué era.

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  2. Creo que "Phenomena" tiene un nivel parejo al del resto de la "trilogía" de Argento... estoy de acuerdo con lo del uso de los temas de heavy, y mira que me gusta Iron Maiden, pero no tiene ningún sentido utilizar el tema "Flash of the blade" tal como se hace en el film. Lo que si que pienso es que esta película, como otras de Argento, han ganado con el paso del tiempo.

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  3. La verdad es que esta es la única película de Argento que he visto, así que no puedo compararla con el resto de su cine.

    Me pareció un despropósito simpático, por la mezcolanza de ideas y elementos de todo tipo que reune. De lo que me dió la sensación es que no acaba de sacarle el partido que hubiera podido a cada uno de ellos, ya fuera el sonambulismo de la chica, el tema de los insectos (quizá lo más interesante y sugestivo), el ambiente sordido del internado o al mismo psicópata.

    De todos modos, acaba resultando divertida por acumulación y por delirante.Coincido en que las canciones heavys no pegan ni con cola, pero la BSO en sí esta bien. Y tiene a una Jennifer Connelly particularmente adorable...un gran punto a favor.

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  4. Buenas tardes a todos:

    Neville: no niego que la mala calidad de la copia de DVD que he visto me haya condicionado, aunque cuando hablo de la fealdad de "Phenomena" me refería más bien a que, comparada con "Suspiria", se le nota menos preocupación por impresionar con una estética muy elaborada (a pesar de que también tenga su estética), en detrimento de una mayor contundencia, un poco más de querer ir "al grano".

    Yo también reconozco, Álvaro, que sí, que me ha ganado un poco con el tiempo, porque la primera vez que la vi me pareció muy mala y, en cambio, ahora me lo pasé razonablemente bien viéndola, cosa que no me esperaba. Ahora me gustaría revisar "Inferno" en una copia en condiciones, porque reconozco que me ha quedado un poco el gusanillo... Tiempo habrá de hacerlo.

    Mariano: si no has visto más películas de Argento, de verdad que te queda mucho por alucinar, porque este hombre, guste mucho, poco o nada, realmente nunca deja indiferente. Además, resulta interesante descubrirlo, o re-descubrirlo, porque en su momento fue uno de los cineastas europeos más famosos y significativos dentro del cine de género, tanto el "giallo" como el terror más puramente fantástico, hizo escuela, generó imitadores y todavía mucha gente le tiene en un pedestal.

    Un abrazo.

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  5. Desde luego "Suspiria" está entre lo mejor de Argento y eso pese a que como bien dice Carlos Aguilar la inspiración en bava se revela excesiva, pero su carater decidido de cuento infantil perverso la convierte en una pieza adictiva. "Phenomena" la vi hace demasiado y no guardo mucho recuerdo así que supongo que su impacto fue mínimo. No se si estarás de acuerdo pero la carrera de Argento aparece muy menguada con el tiempo,queda, además de esta "Suspiria" la importancia casi fundacional de "El pájaro de las plumas de cristal" (sus otros dos "gialli" siguientes son francamente mediocres)y los estragos imitativos que provocó (en muchos casos mejorando el original), el magisterio de "Rojo Oscuro", lo malsano de "Inferno" y ramalazos aquí y allá en alguna otra película, imágenes poderosas y conceptos interesantes entre una depauperación progresiva.Por cierto "Giallo" no vale gran cosa, un vulgarzote "psycho-thriller" de sobremesa que utiliza la nostalgia para vender la moto.
    Por lo demás un honor poder comentar aquí tras tantos años siguiéndote en el papel. Saludos y agradecimientos de "¡un admirador!, ¡un amigo!, ¡un esclavo!, ¡un siervo!" (dicho con adecuada entonacion "lopezvazquiana")

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  6. Buenas tardes, Adrián:

    Completamente de acuerdo en lo que se refiere a la progresiva decadencia de la obra de Argento. No he visto todavía sus dos más recientes trabajos, "La terza madre" y ese "Giallo" que mencionas, pero me consta que hay un desánimo generalizado en torno a ellos. También de acuerdo en el hecho de que "El pájaro de las plumas de cristal", a la cual el tiempo no ha tratado tan mal, es un referente ineludible en el género "giallo", dado que si bien no fue la película que lo inventó, sí fue la que estableció sus principales claves narrativas y estéticas.

    Como mencioné hace poco, hace mucho que no he vuelto a ver "Inferno" y prefiero no pronunciarme hasta que no lo haga. Tengo, empero, cierta simpatía hacia su versión de "El fantasma de la ópera", con todas sus irregularidades y defectos; y debo ser de los pocos, hasta el punto de que, cuando colaboré en el monográfico de la revista "Quatermass" dedicado al cine de terror italiano, fui yo quien propuso su inclusión y, según me confesó el director de la revista, el amigo Javier G. Romero, ¡nadia había querido escribir sobre ella!

    Yo también me alegro de que podamos contactar vía blog. Muchas gracias por tus palabras.

    Un cordial saludo.

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  7. Si que "El fantasma de la ópera" tenía sus cosillas, una mezcla de sordidez y arrebato sugestiva intermitentemente, desde luego aquella imagen casi sexual de Julian Sands con las ratas, no se olvida. Aquella otra "Opera" también guardaba un par de momentos y "El síndrome de Sthendal" atesora una gran película que Argento no supo encontrar, porque la historia de fascinación/repulsión/identificación entre la policía y el asesino y el clima alucinatorio que se crea por momentos son verdaderamente valiosos. Pero finalmente solo da para cavilar sobre lo que el Argento de los 70 hubiera hecho con semejante material. Esto es lo que más me sorprende de su carrera, la pérdida progresiva de "punch" estético, que se suponía su gran arma. Cosas como "Trauma", "Tenebre" o este "Giallo" son planos e incluso feos, sin malignidad ni veneno , ni nada.
    Todavía no he podido hacerme con el último "Quatermass" pero tengo por seguro que será un referente desde ya. Lo que si he tenido el placer de degustar es esa joyita en la que también(y tan bien) colaboraste: "Hecho en Europa" todo un "mini-Quatermass" comestible desde la primera a la última hoja, cortesía además del ayuntamiento de mi ciudad.

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