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lunes, 31 de diciembre de 2012

Lo mejor y lo peor de 2012

En algunas ocasiones, no siempre, he incluido en este blog las consabidas votaciones / recopilaciones / recordatorios (táchese lo que no proceda) de lo mejor y lo peor del año cinematográfico, que como el año fiscal (sic) se abre el 1 de enero y se cierra el 31 de diciembre. Lo hice con el cine de 2009 (1) y con el de 2010, añadiendo además en este último caso una relación de los mejores films del período 2001-2010 (2); no lo hice, en cambio, con el cine de 2011, y por ninguna razón en concreto, sino sencillamente porque no me apetecía: siempre he dicho que este blog es para mí un mero hobbie y no sigue sistemática alguna, y caso de hacerlo, esta puede cambiar en cualquier momento. Por esta misma razón (o sinrazón), incluyo una entrada sobre lo que a mi entender ha dado de sí el cine estrenado a lo largo de 2012, y ello a partir de textos que he ido publicando en el blog a lo largo de este año que se acaba. Dejando aparte el hecho de que para mí estas famosas listitas sobre lo-mejor-y-lo-peor del año no tienen más valor que el meramente anecdótico, y que me las tomo sencillamente como lo que son, un juego, animo a los lectores de este blog a que lo hagan con el mismo sentido lúdico (y proponiendo, por descontado, sus propias listas).


Los amigos de Miradas de Cine me pidieron una votación de las diez mejores películas estrenadas a lo largo de 2012 y, de forma optativa, las tres más sobrevaloradas (la votación final de Miradas de Cine se hará pública dentro de poco, y me haré eco de ella en este mismo blog); esto fue lo que “voté”:

10 mejores películas.- (por orden alfabético)

1. Amor bajo el espino blanco (Shan zha shu zhi lian, 2010), de Zhang Yimou. (3)

2. The Deep Blue Sea (ídem, 2011), de Terence Davies. (4)

3. Elena (ídem, 2011), de Andrei Zvyagintsev.

4. Fausto (Faust, 2011), de Aleksandr Sokurov.

5. Holy Motors (ídem, 2012), de Leos Carax. (5)

6. La invención de Hugo (Hugo, 2011), de Martin Scorsese. (6)

7. Prometheus (ídem, 2012), de Ridley Scott. (7)

8. Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012), de Tim Burton. (8)

9. The Turin Horse (A torinói ló, 2011), de Béla Tarr y Ágnes Hranitzky. (9)

10. La vida de Pi (Life of Pi, 2012), de Ang Lee. (10)

3 películas sobrevaloradas.- (por orden alfabético)

1. Lo imposible (2012), de J.A. Bayona. (11)

2. Los descendientes (The Descendants, 2011), de Alexander Payne. (12)

3. Moonrise Kingdom (ídem, 2012), de Wes Anderson.

Ni que decir tiene que el hecho de tener que votar diez y solo diez me “obligó” a dejar fuera de esta votación otras películas que en algunos casos son tan magníficas como las citadas, pero a las que he preferido “dejar atrás” por diversas razones. Es el caso de Las malas hierbas (Les herbes folles, 2010), de Alain Resnais (13), War Horse (Caballo de batalla) (War Horse, 2011), de Steven Spielberg (14) o del segundo de los dos films que Tim Burton estrenó este año, Frankenweenie (ídem, 2012) (15), por la sencilla razón de que los realizadores mencionados en primer y segundo lugar poca defensa necesitan ya a estas alturas de sus respectivas carreras, mientras que en el caso de Burton he preferido inclinarme por Sombras tenebrosas al tratarse, a mi entender, de una excelente película y probablemente la más incomprendida de su reciente filmografía.

En lo que respecta a las películas sobrevaloradas que he seleccionado, está claro que se trataba de mencionar tres títulos que, según mi parecer, hubiesen recibido un exceso de críticas elogiosas, criterio este harto resbaladizo donde los haya habida cuenta de que cada cual tendrá su propia e igualmente válida opinión al respecto (como tiene que ser). Tengo muy claro que tanto Lo imposible como Los descendientes me parecen films mediocres, no bodrios pero sin duda alguna —y honestamente— obras chatas e insuficientes, como ya expuse aquí mismo en su momento. Hago una puntualización con respecto a Moonrise Kingdom, que me parece bastante mejor que sus compañeras de este simbólico “pelotón de los torpes”, pero que en sus líneas generales me decepcionó considerablemente, y más teniendo en cuenta el notable nivel alcanzado por su realizador, Wes Anderson, con su anterior y mejor largometraje de imagen real hasta la fecha, Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited, 2007; en el ínterin realizó el film de animación Fantástico Sr. Fox / Fantastic Mr. Fox, 2009, que no he visto).

A lo largo de este año he escrito tanto fuera como dentro de este blog sobre un buen puñado de películas a mi entender interesantes, algunas de las cuales saldrán en muchas de las listas que se habrán confeccionado estos días haciendo balance del cine de 2012. Sin ánimo de se exhaustivo, pienso sobre todo en títulos como Shame (ídem, 2011), de Steve McQueen (16), Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011), de Lynne Ramsay (17), Martha Marcy May Marlene (ídem, 2011), de Sean Durkin (18), o Red State (ídem, 2011), de Kevin Smith (19), cuatro buenos films de bajo presupuesto y/o independientes (por más que el de Smith ha pasado, injustamente, bastante más desapercibido que sus compañeros de grupo). Probablemente menos citadas en las listas de favoritas, en muchos casos por el mero hecho de ser “cine de género”, pero no por eso menos notables me parecen la película de animación Brave (Indomable) (Brave, 2012), de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell (20); el biopic J. Edgar (ídem, 2011), de Clint Eastwood (21); el film de terror La mujer de negro (The Woman in Black, 2012); de James Watkins (22); las epopeyas superheroicas The Amazing Spider-Man (ídem, 2012), de Marc Webb (23), y El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012), de Christopher Nolan (24) [este ha sido un año excelente para el cine de superhéroes, a pesar de que la muestra más comercial del género de esta temporada, Los Vengadores (The Avengers, 2012), de Joss Whedon (25), no supera a mi entender la corrección]; el último James Bond, Skyfall (ídem, 2012), de Sam Mendes (26); y la película de aventuras fantásticas El hobbit: Un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012), de Peter Jackson (27). En lo que al cine “de autor” se refiere, podría incluir perfectamente (e incluyo) entre lo más atractivo de este año el reciente trabajo de David Cronenberg Cosmópolis (Cosmopolis, 2012) (28) —por más que me parezca por debajo de su anterior y extraordinario Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011) (29)—; y también querría (volver a) romper una lanza a favor de dos películas merecedoras de mejor suerte: Los diarios del ron (The Rum Diaries, 2011), de Bruce Robinson (30), y Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place, 2011), de Paolo Sorrentino (31). Aunque, en honor a la verdad, si hay dos películas que realmente me han gustado por su forma de destrozar la separación convencional entre cine “de autor” y cine “de género” son dos films inéditos en España, tantos en cines como en formatos domésticos (al menos de momento): Twixt (2011), de Francis Ford Coppola (32), y The Lords of Salem (2012), de Rob Zombie (33), mis dos “pecados” de este año.

Cierro esta entrada haciendo una mención al cine español de 2012, el cual por una vez y salvo excepciones me ha sorprendido un poco más gratamente que en otro años con dos buenas películas que tienen en común su estética blanquinegra —Sueño y silencio (2012), de Jaime Rosales (34), y Blancanieves (2012), de Pablo Berger (35)—, un simpático film de animación —Las aventuras de Tadeo Jones (2012), de Enrique Gato (36)—, y dos honestas producciones “de género” —Fin (2012), de Jorge Torregrossa (37), y El cuerpo (2012), de Oriol Paulo—, que me han quitado un poco el mal sabor de boca de otras temporadas más nefastas de (así lo llaman) “nuestro cine”.

Un saludo a todos los seguidores (o no) de este blog, y desearles que el cine de 2013 nos ayude a superar, ni siquiera un poco, la mala situación que estamos viviendo.

(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2010/01/lo-mejor-y-lo-peor-de-2009.html  
(2) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2011/02/los-mejores-films-de-2010-y-de-la.html  
(3) Véase mi crítica publicada en Dirigido por…, núm. 425 (septiembre 2012): http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/09/dirigido-por-septiembre-2012-especial.html  
(4) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/09/formas-del-melodrama-deep-blue-sea-de.html  
(5) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/11/holy-motors-de-leos-carax-telegrama-num.html  
(6) A la cual me referí en parte en mi artículo Cine en 3D y cine de autor, dentro del dossier dedicado al cine en este formato publicado en Dirigido por…, núm. 420 (marzo 2012): http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/03/dirigido-por-marzo-2012-ya-la-venta.html   
(7) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/08/el-amanecer-del-hombre-prometheus-de.html  
(8) Véase mi crítica publicada en Dirigido por…, núm. 423 (junio 2012): http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/06/dirigido-por-junio-2012-ya-la-venta.html  
(9) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/turin-horse-de-bela-tarr-telegrama-num.html  
(10) Véase mi crítica en Imágenes de Actualidad, núm. 331 (enero 2013): http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/12/imagenes-de-actualidad-enero-2013-ya-la.html  
(11) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/desastres-lo-imposible-de-ja-bayona.html  
(12) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/02/yellow-sea-los-descendientes.html  
(13) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/las-malas-hierbas-de-alain-resnais.html  
(14) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/caballo-de-batalla-de-steven-spielberg.html  
(15) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/frankenweenie-de-tim-burton-telegrama.html  
(16) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/shame-de-steve-mcqueen-telegrama-num-4.html  
(17) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/tenemos-de-hablar-de-kevin-de-lynne.html  
(18) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/05/martha-marcy-may-marlene-de-sean-durkin.html  
(19) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/06/red-state-de-kevin-smith-telegrama-num.html  
(20) Ver nota 3.
(21) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/03/monstruos-de-rostro-humano-la-dama-de.html  
(22) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/04/la-mujer-de-negro-de-james-watkins.html  
(23) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/07/the-amazing-spider-man-de-marc-webb.html  
(24) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/07/la-caida-y-el-regreso-del-murcielago-el.html  
(25) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/05/los-vengadores-de-joss-whedon-telegrama.html  
(26) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/11/el-primer-bond-posmoderno-skyfall-de.html  
(27) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/12/el-hobbit-un-viaje-inesperado-de-peter.html  
(28) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/cosmopolis-de-david-cronenberg.html  
(29) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2011/11/conocimiento-carnal-un-metodo-peligroso.html  
(30) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/05/los-diarios-del-ron-de-bruce-robinson.html  
(31) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/05/un-lugar-donde-quedarse-de-paolo.html
(32) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/07/el-escritor-y-sus-vampiros-twixt-de.html  
(33) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/el-triunfo-de-satanas-lords-of-salem-de.html  
(34) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/06/la-vida-en-fuera-de-campo-sueno-y.html  
(35) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/blancanieves-de-pablo-berger-telegrama.html  
(36) Publiqué una pequeña reseña sobre ella en Dirigido por…, núm. 426 (octubre 2012): http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/dirigido-por-octubre-2012-ya-la-venta.html  
(37) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/12/apuntes-la-saga-crepusculo-amanecer.html

lunes, 24 de diciembre de 2012

Apuntes: “LA SAGA CREPÚSCULO: AMANECER (PARTE 2) – “ARGO” – “FIN” (Telegramas núm. 22, 23 y 24)

[Nota previa: Los presentes comentarios de los films aquí comentados no pretenden ni mucho menos ser exhaustivos, sino simplemente erigirse en una especie de anotaciones de ideas dispersas. Pese a todo, se advierte que contienen detalles importantes de la trama de estas películas.]



La batalla que nunca existió: La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 2) (The Twilight Saga: Breaking Dawn - Part 2, 2012), de Bill Condon.-
A la vista de las “maravillas” (es un decir…) deparadas por Crepúsculo (Twilight, 2008, Catherine Hardwicke), La saga Crepúsculo: Luna nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009, Chris Weitz) –probablemente la peor de todas…, a pesar de ser la favorita (sic) de Stephenie Meyer—, La saga Crepúsculo: Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010, David Slade) (1) y La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 1) (The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1, 2011) (2), con franqueza, no me esperaba absolutamente nada de La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 2), asimismo realizada, al igual que el título que la precede, por Bill Condon (por cierto: ¡qué ha sido del director de Dioses y monstruos / Gods and Monsters, 1998, Kinsey/ ídem, 2004, y Dreamgirls / ídem, 2006!). Efectivamente, Amanecer (Parte 2) está en consonancia con sus predecesoras y, poco más o menos, aporta lo mismo que los otro cuatro films, es decir, prácticamente nada. A pesar de todo, he de reconocer que el clímax de esta película, tan discutido, me resulta por el contrario el momento más divertidamente regocijante de la misma y casi me atrevería a decir que de toda la saga. Me refiero, claro está, a la esperadísima batalla final entre los vampiros “buenos”, esto es, la ahora vampiresa Bella (Kristen Stewart) y su marido Edward (Robert Pattinson), su familia y otros amigos no-muertos, ayudados por sus amigos hombres lobo con el siempre acalorado Jacob (Taylor Lautner) a la cabeza, y los vampiros “malos”, o sea, los Volturi, capitaneados por Aro (Michael Sheen). Una batalla que, como bien sabrán quienes ya hayan visto el film, “es” y “no es”: parece que ocurre, pero en realidad nunca llega a producirse: todo es, en realidad, una visualización del “posible” futuro que ve Aro cuando entra en contacto mental con la vampiresa vidente Alice (Ashley Greene). Es decir, tras casi media hora larga de feroz combate entre vampiros y licántropos, ¡descubrimos que nada de lo que acabamos de ver en esos treinta últimos minutos ha tenido lugar realmente! Comprendo que semejante concepto, casi un gag en el borde mismo del despropósito, es de los que levantan ampollas; pero, con franqueza, en el fondo no deja de ser una salida coherente para una franquicia que siempre se ha caracterizado por su tratamiento “suave” y “juvenil” de las convenciones del cine de vampiros. Llama la atención, por eso mismo, la absoluta ausencia de salpicaduras de hemoglobina en esta pelea final, donde se arrancan cabezas y extremidades sin que se vea ni una sola gota de sangre…

(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2010/07/eclipse-noche-y-dia-london-river-el.html
(2) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2011/12/peliculas-en-el-tintero-2-la-saga.html


El rescate que organizó Hollywood: Argo (ídem, 2012), de Ben Affleck.-
Vaya por delante que soy completamente sincero cuando afirmo que el tercer largometraje como realizador del actor Ben Affleck me ha gustado, pero aún así me parece tan inferior como lo era The Town (Ciudad de ladrones) (The Town, 2010) con respecto a su –esta sí— excelente ópera prima, Adiós, pequeña, adiós (Gone Baby Gone, 2007). Argo, en definitiva, me parece un buen film, pero también una obra relativamente satisfactoria que acaba estando un poco por debajo de lo que promete. Creo que ello se debe a que Affleck, director, se pierde, a mi entender excesivamente, en el aparato externo, el más vistoso y agradecido, de un relato que acaba estando aquejado de falta de profundidad, de densidad. La primera secuencia, la del asalto a la embajada estadounidense y la huida de los seis funcionarios diplomáticos que acabarán refugiándose en la vivienda del embajador de Canadá Ken Taylor (Victor Garber), es excelente. Pero, a continuación, el dibujo de la rocambolesca operación de rescate de esas seis personas en los turbulentos primeros días de la caída del régimen del que fuera conocido como Sha de Persia y del gobierno “libre” de Irán encabezado por el no menos nefasto ayatolá Jomeini, orquestada por Tony Mendez (Affleck) con la ayuda de un productor de cine, Lester Siegel (Alan Arkin), y el maquillador John Chambers (John Goodman) –ganador de un Oscar por el famoso maquillaje de El planeta de los simios, versión 1968—, fingiendo el rodaje en Irán de una falsa película de ciencia ficción titulada “Argo” como tapadera para ese mismo rescate –se afirma que esta historia es real como la vida misma: cuesta creerlo—, incide demasiado en la parafernalia típica del género, subgénero o tendencia genérica del “cine dentro del cine” hollywoodiense, hasta el punto de que el drama de los funcionarios diplomáticos escondidos en la casa del embajador canadiense, y sobre todo, el de los rehenes que estaban en las mazmorras iraníes (en el cual el film, sorprendentemente, se detiene muy poco), acaba resultando perjudicado. Dicho de otra manera, y sobre todo durante su primera mitad, la trama se ocupa en exceso en los aspectos más aparentes (y superficiales) del así llamado negocio del cine –las ruedas de prensa, los pósters promocionales, las pruebas de vestuario…—, pero todo está visto de una forma demasiado cariñosa, sin mordacidad, y sobre todo, desaprovechando las posibilidades no ya críticas sino incluso abstractas de algo tan disparatado como montar un rescate sobre una base tan frágil. Desde luego que la película recupera enteros cuando, una vez preparada dicha operación, Mendez viaja a Irán y la lleva a cabo: el nivel de interés de la película se eleva de nuevo tan pronto como el relato reestablece la tensión y el suspense del principio, por más que un elemento vuelva a enturbiar la aparente brillantez del conjunto: la todavía escasa potencia dramática como intérprete de Ben Affleck, que impide que, más que la decisión, el impulso de Mendez de llevar adelante el rescate por su cuenta y riesgo carezca de la fuerza que debería tener.



A Paola Muñiz.
El Apocalipsis: Fin (2012), de Jorge Torregrossa.- No anda el cine español tan sobrado de talento como para ir despreciando honestas producciones de género como El cuerpo (2012), de Oriol Paulo, o como este simpático debut en el terreno del largometraje cinematográfico –al cual le preceden numerosos trabajos televisivos— de Jorge Torregrossa. Sin ser nada del otro mundo, cuanto menos Fin hace gala no ya de un digno nivel de producción –por más que el dinero no es el problema del cine español actual—, sino de un aceptable sentido de lo fílmico que –ahí está el problema— no suele verse en “nuestra” cinematografía (y pongo comillas bien grandes porque, con franqueza, se me hace difícil sentir como algo “mío” tantos despropósitos). Su planteamiento es tan sencillo como sencilla –que no simple— es su resolución. Un grupo de amigos se reúnen en el campo tras mucho tiempo de no verse, y de repente, se ven inmersos en… el fin del mundo. A pesar de que la descripción de los personajes obedece, por un lado, a las convenciones de ese tipo de relatos en los cuales un reencuentro de antiguos colegas no es sino la excusa para airear los trapos sucios –tal es el caso de, por ejemplo, Reencuentro (The Big Chill, 1983, Lawrence Kasdan) o Cuando fuimos campeones (That Championship Season, 1982, Jason Miller)—, y que el perfil de los mismos no da demasiado de sí –piénsese, sobre todo, en el de Eva (Clara Lago), la acompañante “de pago” de Félix (Daniel Grao), y la única ajena al grupo de amigos, cuya función no parece ser otra que la de convertirse en símbolo (como su nombre indica) del futuro de la humanidad—, constituye incluso en sus peores momentos un aceptable soporte dramático para lo que realmente interesa: la descripción del punto final del dominio de la raza humana sobre nuestro planeta, que se visualiza mediante una sugerente utilización del fuera de campo que se erige, sin duda, en lo más afortunado de la función. No hay grandes catástrofes a lo Roland Emmerich, sino más bien puras y simples –y, por eso mismo, inquietantes— “desapariciones”, que Torregrossa y sus guionistas, Sergio G. Sánchez y Jorge Guerricaechevarría –a partir de una novela de David Monteagudo que no he leído—, tienen el buen gusto de no explicar ni de visualizar. Ello da pie a no pocos momentos sugestivos, un poco en la línea de M. Night Shyamalan y, sobre todo, el magnífico Peter Weir de Picnic en Hanging Rock (Picnic at Hanging Rock, 1975) –la naturaleza como ente abstracto que “absorbe” a las personas que deambulan por su geografía más agreste—, algunos tan logrados como la desaparición de Sara (Carmen Ruiz) mientras pedalea febrilmente en su bicicleta huyendo del ataque de los perros hambrientos, o en particular la volatilización de la niña ante la aterrada mirada de Maribel (Maribel Verdú): esta última, mirando por la ventanilla de una embarcación, trata de convencer a la niña asustada que se ha encerrado en el camarote para que le abra; en el mismo plano, la sombra de la niña, que se proyecta cerca del marco de aquella ventanilla, desaparece…

Un saludo navideño, y cinéfilo, para todo el mundo, tanto para quienes sean seguidores de este blog como para quienes no, de la mano de mi película navideña preferida, Muchas gracias, Mr. Scrooge (Scrooge, 1970, Ronald Neame):

viernes, 21 de diciembre de 2012

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” ENERO 2013, ya a la venta

Ya ha empezado el año nuevo en Imágenes de Actualidad, cuyo núm. 331, correspondiente al mes de enero de 2013, ofrece en portada una doble ración de Tom Cruise, de actualidad tanto por el próximo estreno de Jack Reacher (ídem, 2012), de Christopher McQuarrie, como por ser el protagonista del espectacular film de ciencia ficción de Joseph Kosinski que ocupa esa misma portada, y del cual se ofrece una amplia información en la sección Primeras Fotos: Oblivion (ídem, 2013). Otras películas incluidas en la misma son Jack the Giant Slayer (2013), de Bryan Singer, que en España conoceremos finalmente como Jack el mata gigantes, y Fast & Furious 6 (2013), de Justin Lin.


El contenido del mes viene marcado en gran medida por las películas que están empezando a destacar estos días tanto por sus recientes candidaturas a los premios Globos de Oro como por sus posibilidades de ser finalistas a los próximos premios Oscar. Ahí están Lincoln (ídem, 2012), de Steven Spielberg, cuyo reportaje se completa con una entrevista a su principal protagonista, Daniel Day-Lewis; The Master (ídem, 2012), de Paul Thomas Anderson; La noche más oscura (Zero Dark Thirty) (Zero Dark Thirty, 2012), de Kathryn Bigelow; Amor (Amour, 2012), de Michael Haneke; El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, 2012), de David O. Russell; El vuelo (Flight) (Flight, 2012), de Robert Zemeckis; y Django desencadenado (Django Unchained, 2012), cuyo reportaje viene complementado con una entrevista con su guionista y realizador, Quentin Tarantino. Otros estrenos destacados del mes son los de Despedida de soltera (Bachelorette, 2012), de Leslye Headland; Blue Valentine (ídem, 2010), de Derek Cianfrance; La banda Picasso (2012), de Fernando Colomo; Nameless Gangster (Bumchoiwaui junjaneg, 2012), de Yoon Jong-bin; y El último desafío (The Last Stand, 2013), de Kim Jee-woon. Y las secciones habituales: Además…, que recoge el resto de estrenos del mes; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Álex Faúndez; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Josep Parera; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona Sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.

Con motivo del estreno del nuevo film de Robert Zemeckis, y complementando lo que escribí hace poco sobre este realizador para Dirigido por… (1), el Cult Movie de este mes se centra en una de sus películas más populares: ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit, 1988): “Afirma James B. Stewart en su ensayo «DisneyWar» (2005) que la idea de convertir «Who Censored Roger Rabbit?» en lo que acabaría siendo “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” partió del presidente de la Disney a principios de los ochenta, Ron W. Miller, quien adquirió los derechos del libro con vistas a producir un largometraje cuya combinación de imagen real e imagen animada encajaría perfectamente dentro del espíritu del estudio creado por Walter Elias Disney, como demuestran previos ensayos en esta materia tales como las famosas “Mary Poppins” (Robert Stevenson, 1964) o “La bruja novata” (Stevenson, 1971). Los guionistas Jeffrey Price y Peter S. Seaman asumieron el encargo de elaborar el libreto, del cual llegaron a hacer dos versiones. Corría el año 1982 cuando el futuro realizador del film, Robert Zemeckis, se ofreció por primera vez como director, pero Disney rechazó su candidatura porque sus dos primeros largometrajes, “Locos por ellos” (1978) y “Frenos rotos, coches locos” (1980), habían sido fracasos de taquilla”.

También publico este mes en la revista una crítica del último film de Ang Lee, La vida de Pi (Life of Pi, 2012), a mi entender extraordinario.

(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/12/dirigido-por-diciembre-2012-ya-la-venta.html

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jueves, 20 de diciembre de 2012

“EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO”, de PETER JACKSON (Telegrama núm. 21)


[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Creo que no tiene ningún sentido intentar reprocharle a El hobbit: Un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012) sus evidentes similitudes narrativas y visuales con la trilogía de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, 2001-2003), habida cuenta de que estamos hablando de una película dirigida por el mismo realizador –Peter Jackson—, basada en otra novela del mismo autor –J.R.R. Tolkien—, escrita por los mismos guionistas –Fran Walsh, Philippa Boyens y el propio Jackson, a los cuales se añade Guillermo del Toro, primer director inicialmente previsto para este proyecto—, llevada a cabo casi con el mismo equipo de colaboradores –el director de fotografía Andrew Lesnie, el compositor Howard Shore, el decorador Dan Hennah, los técnicos de efectos visuales de Weta Digital—, y que además comparte con la trilogía de los Anillos a varios de sus principales intérpretes repitiendo los mismos personajes –Ian McKellen (Gandalf), Andy Serkis (Gollum; curiosamente, también acreditado como director de segunda unidad), Cate Blanchett (Galadriel), Hugo Weaving (Elrond), Christopher Lee (Saruman), Ian Holm (Bilbo viejo), Elijah Wood (Frodo); a los cuales parece ser que se les unirá, en alguna de las dos posteriores entregas que conforman esta nueva trilogía tolkieniana, Orlando Bloom (Legolas)—; todo ello para narrar una aventura fantástica que transcurre en el mismo escenario imaginado por Tolkien: la Tierra Media, si bien su acción dramática propiamente dicha se sitúa cronológicamente sesenta años antes de los acontecimientos narrados en El Señor de los Anillos-la novela y la trilogía de Jackson.




Cierto: El hobbit: Un viaje inesperado es la primera entrega de una nueva trilogía de Jackson en torno a otra obra de Tolkien, en este caso El hobbit, interesante aunque inferior a la posterior El Señor de los Anillos, de la cual vendría a ser por tanto un precedente o, como se dice hoy en día (mediante una terrible palabreja), una “precuela”. Meses atrás sorprendió a propios y extraños que Jackson anunciara que su versión de El hobbit, una novela de tamaño y ambiciones mucho menores que las de El Señor de los Anillos, iba a constar de tres películas en vez de dos, tal y como se dijo en un primer momento, porque su realizador veía factible “ampliar” los acontecimientos narrados en el original literario de Tolkien mediante la adición de más material del mismo escritor extraído de otras obras suyas que giran alrededor de los escenarios de la Tierra Media. Sea como fuere, y a falta todavía de ver las otras dos entregas de este nuevo trío de films tolkienianos –El hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013) y El hobbit: Partida y regreso (The Hobbit: There and Back Again, 2014)—, y teniendo en cuenta que El hobbit: Un viaje inesperado hace gala de un generoso metraje de 169 minutos, no cabe duda de que o bien ese material adicional es suficiente para rellenar tres películas tan largas –es de suponer que la segunda y tercera parte tendrán una duración parecida—, o, por qué no, que Jackson y sus guionistas pueden haber dado rienda suelta a su imaginación. Este primer film de la nueva trilogía ya hace gala, de entrada, de ciertas adiciones con respecto a El hobbit-la novela que permiten vislumbrar la existencia de ese nuevo material (o no tan nuevo, si parte, como se afirma, de otros textos de Tolkien); en primer lugar –y se nota—, la incorporación de personajes (e intérpretes) ausentes en el original literario que aparecen aquí en plan figuras/estrellas invitadas, tal es el caso del hobbit Frodo, la reina elfo Galadriel y el mago Saruman el Blanco, cuya adición –al menos, de momento: la dos siguientes entregas fílmicas lo aclararán— no parece sino una especie de “súperguiño” a la trilogía fílmica de los Anillos; y, en segundo lugar, la incorporación de personajes que, si no recuerdo mal, tampoco aparecen en El hobbit-la novela pero sí figuran en el acervo de la obra de Tolkien, tal es el caso del mago Radagast (Sylvester McCoy) y, sobre todo, de la tenebrosa figura que en el futuro –en El Señor de los Anillos-novela y films— será conocida como Sauron y que aquí se vislumbra fugazmente bajo el nombre de El Nigromante (Beneditch Cumberbatch, quien por cierto también presta su voz al dragón que –tal y como se anuncia en el plano final de Un viaje inesperado— centrará la acción de La desolación de Smaug).



Mi impresión general es que Jackson y sus colaboradores parecen haber querido aprovechar la adaptación de El hobbit-la novela para incorporar a la misma todo o casi todo lo que dejaron fuera de su versión de El Señor de los Anillos-la novela; es decir, han querido beneficiarse de este retorno cinematográfico al universo de Tolkien para recuperar, si no todo, al menos una buena parte de lo que hubo que suprimir para El Señor de los Anillos (a pesar de las alrededor de diez horas de metraje de la trilogía en su versión extendida), partiendo de la base que les proporciona el tamaño estándar del libro de El hobbit. Creo que esto último queda muy claro en las dos primeras (y brillantes) secuencias de El hobbit: Un viaje inesperado: el prólogo, narrado en off por el anciano hobbit Bilbo Bolsón, en el cual se nos describe la historia del reino de Erebor, en el país de los enanos, y la conquista y destrucción del mismo por el gigantesco dragón Smaug, quien custodia desde entonces el inmenso tesoro de los enanos (resulta bonito, dentro de su aparatosidad y su evidente intención de empezar el film “a lo grande”, que esta secuencia dosifique la visualización del dragón, en todo momento mostrado o bien en off visual, o bien de manera fragmentaria –su silueta, sus llamaradas, sus patas, su cola—, dándole así un carácter más sugerente y, por qué no, mítico a lo narrado); y la siguiente secuencia, que nos muestra al asimismo viejo Bilbo hablando con su sobrino, el famoso hobbit Frodo, la cual sitúa al espectador en el arranque de El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo: de la conversación entre ambos se deduce que hemos vuelto a ese momento en que Bilbo prepara su fiesta de cumpleaños, y que Frodo está esperando la inminente llegada de Gandalf , quien llevará a cabo sus ya famosos fuegos artificiales mágicos. Esta secuencia en particular tiene un encanto especial porque sitúa muy bien al espectador no avezado en la obra de Tolkien (no tiene por qué serlo) dentro del contexto de un relato que revela de buen principio su carácter de complemento de El Señor de los Anillos (novela y films), y de paso, se erige en una especie de “secuencia añadida” con respecto a lo narrado en La comunidad del anillo: the movie (más allá del detalle, irrelevante, de que percibamos que hasta un actor de facciones aniñadas como Elijah Wood se ve aquí un poco menos joven que cuando rodó la primera trilogía de Jackson diez años atrás). De este modo, luego “saltamos” por así decirlo del principio de La comunidad del anillo al de Un viaje inesperado, con un Bilbo Bolsón sesenta años más joven (y con los rasgos del excelente Martin Freeman) recibiendo la visita del mago Gandalf para embarcarle en una peligrosísima aventura, tal y como volverá a ocurrir seis décadas más tarde con su sobrino Frodo.



No me parecen de recibo los comentarios que ya he oído o leído con respecto a que El hobbit: Un viaje inesperado es mejor o peor que la trilogía de El Señor de los Anillos. Sobre todo, me resulta completamente incomprensible que haya quien elogiara las tres partes de El Señor de los Anillos y ahora desprecie el resultado de El hobbit: Un viaje inesperado, o viceversa, cuando a mi modo de ver hay una notable sensación de continuidad y unidad de estilo entre la primera trilogía tolkieniana y lo que hemos visto por ahora de la segunda. Ya he hablado del arranque de esta última, esa secuencia-prólogo ambientada en el reino de los enanos, que me parece además un claro equivalente de la muy similar secuencia bélica con la que arrancaba La comunidad del anillo. Yendo más lejos, y hablando ahora del final de Un viaje inesperado, el tono melancólico pero aquí ligeramente más esperanzador de la conclusión abierta de esta última también corre parejo con la atmósfera de incertidumbre que bañaba las escenas finales de La comunidad del anillo (para quien esto firma, la mejor y más fantastique entrega de la primera trilogía); y más teniendo en cuenta que, tanto en La comunidad del anillo como en Un viaje inesperado, se llegaba a esas conclusiones tras dos excelentes set-pieces: la batalla contra el Balrog en las Minas de Moira en el caso de la primera, y, en el de la segunda, la espectacular huida del cubil de los trasgos –algo rocambolesca y, como acaso diría el amigo Tonio L. Alarcón, un poco videojueguil, pero muy divertida— por parte de Gandalf y los enanos liderados por el aguerrido príncipe Thorin (Richard Armitage). Resulta hasta cierto punto previsible que Un viaje inesperado desprenda una prácticamente inevitable sensación de déjà vu con respecto a la trilogía de los Anillos, más allá de las coincidencias apuntadas al principio de estas líneas en materia de autor adaptado, escenarios, personajes, intérpretes y texturas visuales en general: aquí reaparecen, por ejemplo, los planos descoloridos y con efecto “humeante” que expresan el punto de vista de Bilbo tras haberse vuelto invisible cuando lleva el Anillo Único ceñido en su dedo; o los ya arquetípicos encuadres generales aéreos sobre los impresionantes paisajes montañosos de Nueva Zelanda empleados para recrear la abrupta geografía imaginaria de la Tierra Media y el avance a través de ella, a caballo o a pie, de los aventureros, los cuales no siempre tienen una función narrativa aunque, a ratos, también hagan gala de ella.



Pero, a pesar de esto, de que no todos sus momentos puramente fantastiques estén conseguidos –por ejemplo, la fugaz aparición del Nigromante—, y del carácter excesivamente forzado de la antes mencionada mezcla de personajes de El Señor de los Anillos-novela y films con los de El hobbit-novela y film(s) que se produce en el episodio que tiene lugar en el reino elfo de Rivendel –y más allá del placer que produce ver interactuar a Ian McKellen, Martin Freeman, Hugo Weaving y Richard Armitage con los magníficos Christopher Lee y Cate Blanchett—, Un viaje inesperado acaba brillando a gran altura en los momentos, digamos, “fuertes”: además de las ya mencionadas secuencias del prólogo en Erebor, de la transición simbólica entre este film y La comunidad del anillo, y de la huida a mandobles del reino subterráneo de los trasgos, la película atesora demasiadas buenas cosas como para considerar que se trata de una (otra) simple operación por parte de Peter Jackson para ganar mucho dinero; y, caso de que lo sea, ello no me parece incompatible con su sentido del buen cine: véase la secuencia ligeramente ralentizada de la canción de los enanos ante la chimenea encendida en casa de Bilbo, que apunta al empleo que hacía Tolkien de las canciones en sus obras con vistas a conferirles a la vez un tono poético y una atmósfera ancestral (recuérdese al respecto el apunte, ya incluido en El retorno del rey, de la escena de la coronación de Aragorn / Viggo Mortensen); la inquietante secuencia en la que intuimos la presencia de unas repugnantes arañas gigantes alrededor y sobre el techo de la cabaña del mago Radagast, mientras este último está llevando a cabo un encantamiento purificador con un puercoespín; la hermosa de la lectura del mapa por parte de Elrond a la luz de la luna; la onírica en la que los héroes ven interrumpida su peligrosa escalada de una montaña por una inesperada batalla de gigantes hechos de piedra (sic); el logrado encuentro de Bilbo y Gollum en las cuevas, jugando a los acertijos poco después de que el primero haya encontrado casualmente el Anillo Único que tan fundamental será dentro de la acción de El Señor de los Anillos-novela y films, en una secuencia perfectamente ritmada y que sabe reproducir con fidelidad y energía el fragmento homónimo de El hobbit-novela; en particular, ese brillante clímax con Gandalf, Bilbo y los enanos subidos a un árbol al borde del precipicio para resistir el ataque de los orcos que les lanzan los wargos (lobos gigantes) que cabalgan, y que culmina con la que creo es una de las imágenes más bellas que haya conseguido hasta la fecha su realizador: el rescate in extremis de los héroes por parte de las águilas gigantes convocadas por Gandalf. Un viaje inesperado no es una obra maestra, ni creo que pretenda serlo, pero a pesar de todo hace gala de un interés por encima de la media habitual del cine de gran espectáculo.



Nota final:
añado un enlace a mi comentario, publicado en este blog, sobre la trilogía de El Señor de los Anillos desde el punto de vista de su sentido como adaptación del original homónimo de Tolkien, que era a su vez una especie de complemento del estudio sobre Peter Jackson que publiqué en Dirigido por…, núm. 396 (enero 2010), con la única finalidad de “refrescar” un poco esa primera trilogía; y un comentario de El hobbit: Un viaje inesperado, a cargo del amigo Sergi Grau, y publicado en su Voiceover’s Blog el pasado 18 de diciembre, que me parece harto revelador, entre otras razones, por la manera como pone en relación al film con el acervo de la obra de Tolkien.


El Señor de los Anillos: la adaptación de Peter Jackson:
Voiceover’s Blog:

viernes, 14 de diciembre de 2012

“THE TWILIGHT ZONE” – 1ª temporada, editada en DVD por L’ATELIER 13, ya a la venta

Me complace anunciar la aparición de esta edición en DVD, por primera vez en España, de la 1ª temporada de la extraordinaria serie de televisión creada por Rod Serling The Twiligt Zone (1959-1964), a cargo de L’Atelier 13, y dentro de su Vintage Serie. Este pack, compuesto por cinco discos, recoge los 36 episodios de la 1ª temporada, en buenas versiones de calidad de imagen, audio en español e inglés y subtítulos en castellano, además de extras tan interesantes como el poco conocido “episodio 0” de la serie, El elemento tiempo (The Time Element), una versión inédita del célebre primer episodio de la misma, ¿Dónde están todos? (Where Is Everybody?), con presentación comercial de Rod Serling, otras presentaciones del propio Serling, al final de los episodios, anunciando el programa siguiente, y muestras de publicidad de la época de su emisión en los Estados Unidos a cargo de los patrocinadores de la serie. Dieciséis horas y treinta minutos de la mejor televisión norteamericana clásica, que se complementan con un libreto exclusivo de 56 páginas, que hemos escrito cinco de los seis autores del volumen The Twilight Zone, publicado en octubre del año pasado por Scifiworld y el Festival de Cinema Fantàstic de Sitges (1): Joan Renter ha abordado la semblanza de Rod Serling que se incluye en el libreto; Jordi Ardid, Sergi Grau y Lluís Vilanova, los comentarios de los 36 episodios de la 1ª temporada, complementados con extensos datos y curiosidades a cargo de Tommy Meini; y un servidor, el apartado El espectacular arranque de una gran serie: La 1ª temporada, centrado en la vicisitudes que rodearon a la creación y puesta en marcha de la misma. Ha llegado, por fin, el momento de que los amantes de la televisión de calidad de nuestro país descubran o redescubran en excelentes condiciones uno de los clásicos indiscutibles del audiovisual del siglo XX.
(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2011/09/proxima-presentacion-del-libro-sobre.html

lunes, 3 de diciembre de 2012

“DIRIGIDO POR…” DICIEMBRE 2012, ya a la venta

Número 428 de Dirigido por…, y último ejemplar de este año que se acaba. La portada la ocupa la nueva película de Robert Zemeckis Flight (2012), de próximo estreno en España con el título de El vuelo (Flight), acompañada de un estudio sobre este cineasta y una entrevista, esta última a cargo de Gabriel Lerman. Pero el texto más extenso de este mes es el que han preparado Ramon Freixas y Joan Bassa, a propósito del interesantísimo cine, libre y desprejuiciado, que se realizó en los Estados Unidos antes de la implantación del restrictivo código de censura de Will Hays, lo que se conoce como el “pre-code cinema”; su título: Hollywood: Censura y libertad. Pre-code: 1930-1934. Un periodo excepcional. Freixas también firma, ahora en solitario, un comentario de una rareza de John Gilling, The Night Caller (1965), dentro de la sección Cinema Bis. La actualidad cinematográfica del mes domina el resto del número, tal es el caso de las extensas reseñas dedicadas a La vida de Pi (Life of Pi, 2012), de Ang Lee, que firma Antonio José Navarro, asimismo responsable de una crónica de la más reciente edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián; y de Sin tregua (End of Watch, 2012), de David Ayer, cuyo comentario ha escrito Tonio L. Alarcón, también firmante de uno a propósito de la quinta temporada de la famosa serie Fringe (Al límite) (Fringe, 2008- ), para la sección de Televisión, y dentro de la sección Flashrecent, dedicada a producciones recientes que se estrenan en formatos domésticos, un comentario agrupado de dos películas españolas realizadas al margen de los cauces habituales: Diamond Flash (2011), de Carlos Vermut, y Summertime (2012), de Norberto Ramos de Val. Por su parte, Quim Casas ha escrito los comentarios de Vida en sombras (1948), a propósito de su reciente restauración y proyección en la Filmoteca de la Generalitat de Catalunya, y también para la sección de Televisión, el de la cada vez más popular serie Homeland (ídem, 2011- ). A todo ello hay que añadir las secciones Pantalla Digital, de José María Latorre; Banda Sonora, de Joan Padrol; la de Críticas, comentando otros estrenos destacados de actualidad; además de una especial atención a otros recientes certámenes cinematográficos: el de Valladolid, que comenta Ángel Comas; el de Cine Europeo de Sevilla, a cargo de Gerard Casau; y el de Gijón, abordado por Rafel Miret.


La parte que me corresponde de este número de Dirigido por… es precisamente los ya mencionados textos dedicados a Flight y a su realizador, Robert Zemeckis: “Como explico en el estudio sobre el cine de Zemeckis que el lector encontrará en este mismo número, buena parte de la obra de este realizador gira en torno al valor de la imagen, entendida como algo manipulable a placer y al mismo tiempo como algo definidor de la psicología de los personajes. “Flight” no constituye una excepción, sobre todo en lo que se refiere a su protagonista. Whip Whitaker es capitán de una aerolínea de pasajeros y tiene, por tanto, una imagen respetable, o mejor dicho, una apariencia de respetabilidad que, tal y como (…) se confirmará muy poco después, poco tiene que ver con la verdadera realidad del personaje”.

También firmo la crítica de otra película que aparece destacada este mes: la del más reciente film de Jacques Audiard, De óxido y hueso (De rouille et d’os, 2012): “Lo más llamativo de la puesta en escena de “De óxido y hueso” reside en el excelente empleo de la elipsis desarrollado por Jacques Audiard, en lo que me parece una inteligente solución para sortear algunos de los habituales obstáculos de lo que podríamos denominar el género, subgénero o variante genérica del «melodrama de» o «con discapacitados»”.

Concluyo mi contribución mensual con una pequeña crítica del film de animación de Genndy Tartakovsky Hotel Transilvania (Hotel Transylvania, 2012).

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martes, 27 de noviembre de 2012

“HOLY MOTORS”, de LEOS CARAX (Telegrama núm. 20)



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Hacía mucho tiempo que no veía una nueva película del francés Leos Carax. Antes de que alguien me diga que Holy Motors (ídem, 2012) es su primer largometraje desde Pola X (1999) y su nuevo trabajo tras el corto My Last Minute (2006) y el sketch Merde para el film colectivo Tokyo! (2009), aclaro rápidamente que yo hacía mucho más que no veía una película suya, desde el estreno de Los amantes del Pont-Neuf (Les amants du Pont-Neuf, 1991), con que imagínense. Hasta ahora, mi conocimiento del cine de Carax se limitaba a esta última, que como digo vi una vez en su momento y recuerdo que me pareció de una mediocridad apabullante, y a Mala sangre (Mauvais sang, 1986), que tampoco he revisado desde que se estrenó pero que, al contrario que la anterior, recuerdo con agrado. Vayamos diciendo que, a falta de volver a ver Mala sangre y Los amantes del Pont-Neuf (cosa que probablemente acabaré haciendo tarde o temprano, aunque sea a costa de tener que aguantar a Juliette Binoche, a la cual, discúlpenme, nunca he podido soportar), y de adentrarme en el resto de la obra de Carax que desconozco —su primer corto, Strangulation Blues (1980), y su primer largo, Chico conoce chica (Boy Meets Girl, 1984)—, lo cierto es que Holy Motors me ha parecido un film magnífico.




Sé que estos días se están dando numerosas y muy sesudas elucubraciones sobre una película que, cierto es, se presta a ello, muchas de ellas centradas en el carácter maldito de su autor y la anomalía de un film de estas características en el panorama actual del cine contemporáneo. Todas me parecen muy respetables, pero no consigo evitar la sensación de que algunas de esas interpretaciones, incluso las más sinceras, “compiten” entre ellas de cara a ver cuál consigue ser la más abstracta y compleja, es decir, aquélla que sea capaz de incidir con mayor profundidad en los “secretos” de una película que tiene mucho de misterioso (por no hablar de otras opiniones, bastante más molestas, que adoptan el tono de una soflama para hablar de Holy Motors no ya como el-cine-que-hay-que-ver, sino incluso como el-ÚNICO-cine-que-hay-que-ver, lo cual, qué quieren que les diga, siempre me ha parecido una postura reduccionista, estrecha de miras y reaccionaria). Digo todo esto porque, personalmente, lo que más me ha gustado y sorprendido del film de Leos Carax es, por el contrario, que me parece de una sencillez apabullante y que hace gala de unos contenidos expuestos con una claridad casi meridiana. Desde este punto de vista, y lejos, muy lejos de su fama de película “elitista” y/ o “para élites”, creo que lo que explica Holy Motors es muy sencillo, por más que esa sencillez —que nunca hay que confundir con simplicidad— esté íntimamente vinculada a un trabajo de puesta en escena —éste sí— de notable belleza y complejidad, y con independencia, además, de que muchos de sus contenidos puedan ser más o menos diáfanos en función del grado de cultura cinematográfica de cada espectador. También es necesario afirmar, antes de continuar, que Holy Motors no es un film de guiños, sino dicho con más propiedad una película que lanza un único y gigantesco guiño de dos horas de duración dirigido hacia el cine entero, y por mediación de un relato fantasioso que no hace sino repasar algunas de las estructuras narrativas y ciertas situaciones-tipo características de, si no todo, sí de buena parte de los patrones para relatos fílmicos que el medio ha proporcionado en más de un siglo de existencia.



Bajo esta perspectiva, lo único que en un momento dado se presta a la confusión del espectador habituado a una construcción narrativa convencional reside en el carácter aparentemente absurdo y sin lógica racional del personaje protagonista del film, Monsieur Oscar (Denis Lavant), y su extravagante conducta. Sin embargo, y antes de la presentación de este, el propio Leos Carax en persona nos proporciona una pista de por dónde irán los tiros, interpretando a un anónimo personaje que se levanta de la cama en una habitación en penumbra (una estancia en duermevela que se diría situada entre ese momento indeterminado entre la noche que acaba y el día que empieza: esa “hora del lobo” en la que, dicen, mueren más personas y nacen más niños de la que nos hablara magistralmente Ingmar Bergman); personaje que, como digo, atraviesa mágicamente la estancia en la que se encuentra y va a parar a una sala de proyección cinematográfica: el cine como sueño y pesadilla, como realidad alternativa y a la vez complementaria del estado de vigilia. Y empieza Holy Motors propiamente dicha: Monsieur Oscar —un nombre, de entrada, con connotaciones fílmicas—, un hombre con apariencia de adinerado ejecutivo de una gran empresa —la ropa, el maletín, la vivienda de la que sale por la mañana temprano— toma una limusina que conduce una mujer, Céline (Edith Scob), para desplazarse a su trabajo. Hasta aquí nada “raro”, o lo que se entiende como tal, si no fuera porque, al poco rato, vemos que el “trabajo” de Monsieur Oscar consiste en cambiarse de ropa y maquillarse, adoptando toda la apariencia de un andrajoso mendigo, bajarse de la limusina una vez la misma se detiene —je, je— en el Pont-Neuf de París, y ponerse a pedir limosna durante unas horas: su horario viene estrictamente establecido en una agenda de “trabajo” que le indica que tiene varias citas a lo largo de su jornada. Una jornada durante la cual Monsieur Oscar (si es que realmente ese es su nombre) irá volviendo a la limusina, y en virtud de nuevos cambios de vestuario y maquillaje, se irá transformando en más variopintos personajes que “viven” o “fingen vivir” dispares situaciones: un hombre que presta su cuerpo y habilidades físicas a una empresa que realiza “captura de movimiento” para lo que tiene toda la pinta de ser un videojuego, en compañía de otra no menos flexible bailarina (la contorsionista Zlata); un hombrecillo que vive en las alcantarillas —Merde: el protagonista del ya mencionado sketch de Tokyo!—, se cuela en una sesión fotográfica en un cementerio (sic) y secuestra a la cotizada top model Kay M (Eva Mendes, en un papel inicialmente previsto para una quizá más adecuada Kate Moss); un padre de familia que va en coche a recoger a su hija adolescente de una fiesta estudiantil, para descubrir que la chica ha estado avergonzada y encerrada en el cuarto de baño durante toda la velada; un hombre que toca el acordeón e improvisa un dinámico número musical callejero junto a otros músicos; un asesino a sueldo que descubre que el hombre al que debe liquidar es exactamente igual a él; un anciano moribundo que, antes de expirar, desea despedirse de su joven esposa, que le ama sinceramente a pesar de su gran diferencia de edad; otro hombre que se cita con una compañera de su misma y extraña profesión —una mujer que se hace pasar por otra: Eva Grace/ Jean (Kylie Minogue)—, cuyo encuentro da pie a otro número musical; y el regreso final del hombre, o de todos los hombres en uno que hemos ido viendo, a su hogar: una humilde vivienda en un barrio suburbial donde le espera su esposa y su hijo…, ambos chimpancés (¡).



Por más que, así explicada, Holy Motors puede parecer un completo disparate, lo cierto es que Carax demuestra una extraordinaria habilidad para convertir todas y cada una de las aventuras de Monsieur Oscar, o de los personajes en los que se transforma, en una brillante sucesión de episodios que, cada uno a su manera, vienen a simbolizar diferentes y variadas muestras de géneros, estilos y tendencias cinematográficos. Quitando el para mi gusto innecesario guiño fácil al Pont-Neuf, escenario de la que hasta ahora era su película más conocida (por más que pueda verse en ello una especie de reivindicación por parte de un cineasta que ha estado viviendo una especie de etapa de marginación u ostracismo dentro del panorama del cine contemporáneo), Holy Motors ofrece un poético recorrido por géneros como el de terror (el turbador sketch centrado en Merde), el melodrama (los sombríos del padre y su hija, y del anciano y su joven esposa), el thriller (el siniestro y, también, casi fantastique episodio del asesino y su víctima) y el musical (el melancólico encuentro con Eva Grace/ Jean en unos grandes almacenes abandonados y en estado de ruina, donde Kylie Minogue —cuya voz también sonaba, a lo lejos, en la fiesta de los adolescentes— interpreta una balada). A ello cabe añadir no solo la referencia a la moderna imagen digital (escena de la grabación de la “captura de movimiento”), e incluso un intermedio musical (la secuencia de los músicos callejeros, resuelta en un excelente plano-secuencia con cámara móvil), sino algunas inesperadas “interferencias” que impiden que el relato se vuelva excesivamente familiar una vez ha quedado claramente establecida su estructura narrativa alrededor de los números de transformismo de Monsieur Oscar/ Denis Lavant, tal es el caso de la conversación del protagonista(s) con el anciano con una mancha de vino en su traje (Michel Piccoli) que se “aparece” en la limusina —como se ha dicho estos días, no deja de resultar curiosa la recurrencia a este vehículo en otra relevante película de este año: Cosmópolis (Cosmopolis, 2010, David Cronenberg) (1)—, el momento en que Oscar se abalanza sobre unos banqueros sentados en una terraza, o ese ya mencionado detalle de la secuencia del encuentro con Eva Grace/ Jean, en la cual esta última y Oscar asumen su condición de personajes que se hacen pasar por otros personajes porque, dicen, han sido contratados para ello, por más que jamás entendamos cuál es el propósito de todo ese constante transformismo.



Propósito que, en cualquier caso y vuelvo a insistir, parece concentrarse en su intención de erigirse en un más bien sencillo a la par que simbólico homenaje al cine por más que adopte, empero, una construcción dramática enigmática, y que se cierra con un doble guiño: Céline, la chófer de Monsieur Oscar, al final del día devuelve la limusina a la empresa de estos vehículos para la que trabaja, y se coloca una máscara prácticamente idéntica a la que la misma actriz, Edith Scob, lucía en su más famosa interpretación para el cine: la llevada a cabo en la obra maestra de Georges Franju Ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960). El segundo guiño al que me refiero es justo en la escena inmediatamente posterior: la conversación imaginaria de las limusinas en el aparcamiento, que puede verse como una especie de reinterpretación sui generis de la famosa escena eliminada de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950, Billy Wilder), en la cual debía oírse la conversación en off entre los cuerpos sin vida que reposan en el depósito de cadáveres, y que se presta a todo tipo de interpretaciones: la limusina de Monsieur Oscar, el coche que es a la vez un coche y a la vez un signo de distinción, transporta fragmentos de cine, el arte que se parece a todos pero al mismo tiempo es distinto de todos; y las limusinas, distintas formas de ver o entender el cine, debaten coloquialmente sobre su pasado, su presente y su futuro, en un momento en que el cine como arte ha asumido ya su posmodernidad y se plantea cuál es el siguiente paso a dar, cuál es la hoja de ruta que debe seguir.



(1)
http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/10/cosmopolis-de-david-cronenberg.html