Translate

sábado, 7 de abril de 2012

“CABALLO DE BATALLA”, DE STEVEN SPIELBERG (Telegrama núm. 2)

[Advertencia: en el presente artículo se revelan importantes detalles de la trama de este film.] El amigo Antonio José Navarro, que nunca ha simpatizado del todo con el cine de Steven Spielberg –pero, al contrario de lo que suelen hacer muchos, demasiados, tampoco se deja llevar por juicios preconcebidos—, lo expresaba muy bien en su crítica publicada en el núm. 322 de Imágenes de Actualidad (marzo 2012): Caballo de batalla (War Horse, 2011) es una película hecha deliberadamente “a la antigua”. No solo no puedo estar más de acuerdo, sino que incluso me parece tremendamente obvio a estas alturas, tras una carrera en el cine de casi cuarenta años de duración –si consideramos el arranque “oficial” de la misma con Loca evasión (The Sugarland Express, 1974)—, que Spielberg ha mirado en muchísimas ocasiones al pasado. Y no me refiero, claro está, al mero hecho de que una parte muy importante de su filmografía esté centrada en relatos ambientados en un pasado histórico –1941 (ídem, 1979), la tetralogía de Indiana Jones, El color púrpura (The Color Purple, 1985), El Imperio del Sol (Empire of the Sun, 1987), La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993), Amistad (ídem, 1997), Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), Atrápame si puedes (Catch Me If You Can, 2002), Munich (ídem, 2005), Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011), su Lincoln (2012) actualmente en post-producción—, a la que ahora podemos añadir, sin problemas, la ambientación en la Primera Guerra Mundial de Caballo de batalla. Me refiero también al hecho de que Spielberg es un cineasta que, en muchas ocasiones –entre ellas, las citadas líneas arriba—, ha adoptado modos narrativos de lo que se conoce como el viejo Hollywood o, si se prefiere, el Hollywood clásico (lo cual no significa que no haya sabido modernizar su manera de filmar cuando la ocasión lo ha requerido: recuérdense A.I. Inteligencia artificial / A.I. Artificial Intelligence, 2001; Minority Report / ídem, 2002; La terminal / The Terminal, 2004; y La guerra de los mundos / War of the Worlds, 2005). Desde este punto de vista, Caballo de batalla es el más contundente ejemplo de cinefilia aplicada que se haya visto dentro del cine norteamericano desde Lejos del cielo (Far from Heaven, 2002), de Todd Haynes, y por descontado, muy superior en este sentido a la meramente simpática The Artist (ídem, 2011, Michel Hazanavicius), la película más sobredimensionada de los últimos tiempos.
Caballo de batalla certifica su condición de “cine antiguo” (que no anticuado) precisamente en su secuencia final, el regreso al hogar del joven Albert (Jeremy Irvine), montando a su fiel caballo Joey, y siendo recibido y abrazado por sus padres, Ted (Peter Mullan) y Rose (Emily Watson): el momento tiene lugar a la luz de un irreal atardecer rojo, “de estudio”…, que es prácticamente idéntico a los rojos que alumbran el cielo de Atlanta en llamas en Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939), o el crepúsculo en la famosa escena de esta última en la que Scarlett O’Hara / Vivien Leigh jura que jamás-volverá-a-pasar-hambre. Es el punto culminante –y un aviso para despistados, que por lo visto, y a juzgar por algunas opiniones leídas / oídas con respecto a Caballo de batalla, los hay en abundancia— de un relato con el cual Spielberg rinde homenaje a cierta tradición cinematográfica típicamente hollywoodiense, combinando de manera sentida y sin prejuicios su amor por John Ford y David Lean con una puesta en escena que bebe del espíritu de la narración limpia y clara –o lo que se entiende como tal— cultivada por los viejos maestros, poniendo de relieve al mismo tiempo su añeja y largo tiempo reivindicada condición de cineasta que hace-de-todo y rueda-de-todo: no por casualidad, Victor Fleming, el único realizador acreditado de Lo que el viento se llevó, suele ser citado por Spielberg entre sus directores favoritos: el ejemplo perfecto del artesano que tocaba todos los palos del cine de género en virtud del contrato que le ligaba en exclusiva a un estudio. ¿A alguien le sorprende el carácter “antiguo” de esa parcela del cine de Spielberg después de haber dado tantos y tantos ejemplos de esa devoción? Enésima demostración de que Spielberg no hace películas para los críticos, sino para la gente que le gusta el cine.
En cualquier caso, lo que a la hora de la verdad acaba brillando a gran altura en Caballo de batalla es el sentido de la imagen y la inventiva de un realizador que se entrega a fondo a ese juego de “cine antiguo” con plena conciencia de ello, dando por resultado una puesta en escena que recupera las viejas esencias de la sabiduría narrativa del Hollywood de antaño. De ahí que, con independencia de la sencillez de lo narrado, y de las consabidas acusaciones de “blandura” y “sentimentalismo” (los clásicos sonsonetes que, en el caso de Spielberg, rebrotan con facilidad cuando ya no se tiene otra cosa mejor que decir), la película ofrece un auténtico festín: ahí están el bellísimo encadenado que relaciona el bordado de Rose con los surcos que intenta abrir Albert en el huerto con Joey tirando del arado; la ya justamente célebre resolución elíptica de la matanza de los soldados ingleses a caballo, cayendo como moscas bajo el efecto de las ametralladoras alemanas, expresada mediante las extraordinarias imágenes de los caballos sin jinete cruzando las líneas enemigas; la magistral resolución del fusilamiento de los dos jóvenes soldados alemanes desertores, por mediación de la “elipsis” conseguida con el aspa de un molino que cruza el plano y, por unos segundos, escamotea al espectador ese fusilamiento; el movimiento de grúa que sigue al abuelo francés (Niels Arestrup) cuando a los alemanes invadiendo su granja; o las brillantes secuencias bélicas en las trincheras, tanto la del caballo recorriendo aterrorizado el campo de batalla hasta quedar atrapado en el alambre de espino, como las no menos vigorosas escenas de combate que relacionan a Albert con su amigo Andrew (Matt Milne), en particular la resolución elíptica de la muerte de este último, “devorado” por una siniestra nube de gas letal.

8 comentarios:

  1. Coincido plenamente con tu opinión. Aqui dejo la mía que coincide bastante: http://lagatacongafas.blogspot.com.es/2012/02/caballo-de-batalla.html
    Solo espero dos cosas: que Spielberg viva 30 años más y mantenga su ritmo de trabajo, y que tu escribas pronto un libro sobre Spielberg.
    Si quieres incluye nuestro blog en tu listado.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Ah, qué pena que se quede en un telegrama la crítica de una película tan compleja como ésta (y que a mí me produjo sentimientos encontrados). Me hubiera gustado leer más. A mí War Horse me desconcierta, creo que guarda lo mejor y (a ratos) lo peor del director. Spielberg tiene un talento visual innegable (la película rebosa brochazos de talento), pero le gusta subrayar lo obvio de una manera obsesiva (cuando caen muchas tenazas del frente alemán para quitarle los alambres al caballo, le pintura monolítica de una familia de "buenazos" campesina en la tediosa primera media hora), cosa que los clásicos que homenajea no solían hacer nunca. Spielberg, a diferencia de, pongamos por caso a los mentados John Ford o David Lean, no domina el arte de la sutileza.

    ResponderEliminar
  3. javier marin solanas8 de abril de 2012, 7:55

    hola, estoy de acuerdo, pero creo que no explicais muy bien (y no eres el único) porque rueda Spielberg al estilo ·antíguo". Me parece muy banal que compareis el final con LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ" pues es puro sello Spielberg. No lo dicés, ningún crítico que afirma esta postura tampoco, pero yo si se porque filma a lo "antíguo". Utiliza constantemente la profundidad de campo y la multiescala de planos (tal y como hacía mucho Ford, Wyler o Welles) y no recurre al fastidioso y tan actual borrado de imagen profunda . Eso es clásico y... buen cine.

    ResponderEliminar
  4. Es una lástima, Tomás, que no hayas podido dedicarle un espacio más amplio a esta notable película de Spielberg. Como bien dices, su transparente puesta en escena la ha puesto a los pies de los caballos (perdón por el chiste fácil) de la crítica más dogmática y de muchos espectadores. Para mi gusto "War horse" no es una propuesta redonda, pero sí un placer narrativo y visual voluptuoso y el mejor trabajo de su director en bastante tiempo. Por supuesto a años luz de distancia de la gélida y mecánica "Tintín". Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Yo pienso, de hecho, que Tintín es superior en muchos aspectos a War Horse. Tintín es una película prácticamente impecable, una fiesta para los aficionados al cómic original, y llena de toques personales más indirectos, espectacular y divertida. Una vez leí a un comentarista profetizar que "Tintín será la película personal, War Horse el encargo", y no iba del todo desencaminado. Por cierto, por los trailers, Tintín iba a ser un espanto y War Horse una obra maestra. Los trailers, cómo engañan: se debería escribir un libro sobre el arte de hacer trailers.

    ResponderEliminar
  6. Creo que con esta película Spielberg recupera al 100% la frescura del estilo David Lean que tanto brilló en sus películas de los ochenta y que creo personalmente empezó a degastarse con "Indiana Jones y la última cruzada" interesándose más por un estilo más duro y realista en films como "La lista de Shindler" y a su vez un estilo más mecánico y funcional en sus películas "no serias" como "Parque Jurásico" aunque de factura técnica intachable. Es un puro deleite ver "Caballo de Guerra" que al igual que "Super8" deseo que no sea una "revival" puntual de ese cine con el que creció mi generación.

    ResponderEliminar
  7. No entiendo el fracaso y las malas criticas que ha recibido la película, comprendo que tiene defectos pero también imagenes memorables y en conjunto, es muy disfrutable; estoy seguro que la seguire revisando cuando ni me acuerde de quien dirigio The artist

    ResponderEliminar