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lunes, 1 de octubre de 2012

“LA BRIGADA DE LOS MALEFICIOS”: “Los colmillos de Alexis”

Ya sé que este blog se titula El Cine Según TFV, pero eso no quita para que de vez en cuando me guste hablar en él de otras cuestiones que, sin ser estrictamente cinematográficas, están de un modo u otro relacionadas con el audiovisual, como pueda ser, como en este caso, una serie de televisión. Una, en concreto, que vi por primera vez por TVE hace muchos años (calculo que a mediados de los setenta), titulada La brigada de los maleficios (La brigade des maléfices), creada por Claude Guillemot y Claude-Jean Philippe, y originalmente emitida por la segunda cadena de la emisora francesa ORTF entre agosto y septiembre de 1971. Compuesta por tan solo seis episodios de alrededor de una hora de duración, la misma giraba alrededor de las peripecias del inspector Guillaume Martin Paumier (Léo Campion) y su ayudante Albert (Marc Lamole), los únicos componentes de una brigada especial de la policía de París, “la brigada de los maleficios”, encargada de investigar aquellos casos criminales que careciesen de una explicación racional y entraran dentro de lo paranormal, siempre bajo la supervisión de sus superiores, el comisario jefe (Jacques François) y el comisario Muselier (Jean-Claude Balard).


El primer episodio de la serie, Les disparus de Rambouillet, gira en torno a una serie de misteriosas desapariciones de hombres en los alrededores de un lago en la afueras de la ciudad, las cuales se producen porque los varones son secuestrados por las hermosas hadas solitarias que pululan por la zona (sic). El segundo episodio, La septième chaine, lo hace alrededor de un extraño complot satánico en el cual el Diablo en persona, encarnado por el veterano Pierre Brasseur, ha logrado crear un programa de televisión capaz de provocar reacciones violentas en quien lo mira. El tercero, Voir Venus et mourir, presenta a una hermosa mujer venusina que ayuda a Paumier a desenmascarar a un farsante que intenta vender a los incautos “viaje espaciales” (¡). El cuarto, La creáture (sorpresa: su fotografía la firma Néstor Almendros), ofrece una nueva vuelta de tuerca a la temática mefistofélica, en la cual el Diablo, de nuevo a cargo de Pierre Brasseur, ofrece la compañía de una bellísima mujer artificial creada para no experimentar sentimientos hacia los hombres a los que sirve, los cuales terminan perdidamente enamorados de ella, y al no verse correspondidos, se suicidan. Más adelante hablaremos del quinto episodio; el sexto, Le fantôme des H.L.M., narra las cómicas peripecias de un fantasma del siglo XVIII que se ve obligado a vivir en un aséptico edificio de apartamentos tras haber sido demolida por las autoridades su antigua vivienda, lo cual guarda ecos de lo que le ocurría al espectro protagonista de El fantasma va al oeste (The Ghost Goes West, 1935, René Clair). No ha faltado quien ha visto en La brigada de los maleficios una especie de modesto precedente de la famosa serie de Chris Carter Expediente X (1993-2002).

Sin embargo, no quiero hablar de esta serie en su totalidad, sino principalmente de su quinto episodio, que es el que me parece el más interesante: Les dents d’Alexis, que si la memoria no me falla se emitió en España con el título de Los colmillos de Alexis, que es como a partir de ahora me referiré a él. Posiblemente el mejor episodio de La brigada de los maleficios, junto con –para mi gusto— Les disparus de Rambouillet y La créature, Los colmillos de Alexis ofrece una curiosa variante en torno al mito del vampiro, avanzando ciertos conceptos y algunas ideas que luego se han visto en producciones muy posteriores. El arranque de la trama, de entrada, ya resulta curioso: una banda de atracadores, con los rostros enmascarados con grotescas gafas, narices y bigotes postizos y disfrazados de curas (sic), asaltan una unidad móvil de donación de sangre y se llevan… numerosas botellas de plasma; el líder del gang (Jean-Marie Rivière) se dirige luego a un lujoso apartamento, donde yace un extraño ataúd metálico, para depositar ese botín en un refrigerador; hete aquí que en al ataúd reposa durante el día Alexis (Pierre Verner), un atípico no-muerto que procura vivir discretamente su existencia de siglos y que, valiéndose de esclavos humanos como ese atracador, se procura sangre pasando lo más desapercibido posible. Paumier no tarda en sospechar que tras ese raro atraco no se encuentra sino un vampiro, y más concretamente Alexis, cuya última aparición data de 1913. Llama la atención, de entrada, que como acabamos de ver Los colmillos de Alexis se avance por muy poco margen de tiempo al reputado telefilm de John Llewellyn Moxey producido por Dan Curtis The Night Stalker (1972), con guión de Richard Matheson, en el cual un moderno vampiro también asalta bancos de sangre para procurarse el sustento.

Dentro de sus limitaciones y la parquedad expresiva de la cual hace gala el realizador Claude Guillemot tras las cámaras, Los colmillos de Alexis ofrece una atractiva visión contemporánea del vampiro que parece beber en parte del famoso díptico de Robert (Bob) Kelljan Count Yorga, Vampire (1970) y The Return of Count Yorga (1971), en lo que a intento de representación de un bebedor de sangre en la sociedad moderna se refiere, algo en lo cual Kelljan reincidió parcialmente en Scream, Blacula, Scream (1973), su no del todo despreciable secuela de Drácula negro (Blacula, 1972, William Crain). La gran diferencia, lo hemos señalado, es que al contrario que Yorga o Blacula, Alexis es un ser solitario que hace todo lo posible por pasar inadvertido. No solo eso: a Alexis le desagrada enormemente la imagen estereotipada del vampiro creada por la cultura popular, como demuestra esa divertida escena en la que va al cine y ve… ¡una película de vampiros! (una que, por cierto, parece tan mala como una mala película de vampiros de Jean Rollin: no por casualidad, a la salida del cine, podemos ver varios carteles de diversos films de la misma temática, entre ellos uno de la soporífera Le viol du vampire (1968); quienes no la hayan visto y no me crean, pueden comprobarlo gracias a la copia en DVD editada por Filmax con el título de La violación de la vampira). Otro aspecto singular de esa escena consiste en que se avanza a Entrevista con el vampiro (Interview with the Vampire, 1994, Neil Jordan) en la idea de que el vampiro Louis (Brad Pitt) vaya al cine una vez llegado el siglo XX (donde, recordemos, además de ver Nosferatu, el vampiro, tenía ocasión de volver a ver la luz del día ni que fuera filmada…), si bien aquí el espectador sorprende a Alexis en el momento en que está viendo una grotesca escena de un film de vampiros en la cual un horrendo no-muerto acecha a una chica delante de un espejo –donde, por cierto, se refleja: Alexis también lo hace, en una vulneración de las convenciones cinematográficas del mito—, la hiere en una mano con un fragmento del espejo tras romperlo, y luego bebe su sangre de esa misma herida y de la garganta de la muchacha.

Los colmillos de Alexis es, asimismo, una pequeña precursora de otro tema muy socorrido en el cine de vampiros de estos últimos años, a raíz sobre todo del popular Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula, 1992), de Francis Ford Coppola, por más que el asunto que voy a mencionar a continuación ya fuera avanzado en gran medida por, horror, la psicotrónica película de Javier Aguirre / Paul Naschy El gran amor del conde Drácula (1973) y el telefilm de Dan Curtis Drácula (Dracula, 1974). Me refiero a la posibilidad de que un vampiro se enamore de una mujer humana hasta el punto de llegar a sacrificarse por ella, renunciando a su condición de no-muerto o llegando hasta el extremo de inmolarse. En los mencionados films de Curtis, Aguirre y Coppola –si bien en el caso del de este último, y sin perjuicio de su responsabilidad compartida como realizador, ello fuera principalmente contribución del guionista James V. Hart—, esa visión (mal) llamada romántica del vampiro está justificada argumentalmente mediante un ardid de guión: las mujeres amadas en estos casos por Drácula no son sino reencarnaciones de los antiguos amores del vampiro de cuando este último todavía era un ser humano. En cambio, en Los colmillos de Alexis, esta cuestión está planteada, como digo, con anterioridad a todas esas películas, y lo hace además de una manera mucho menos (entre comillas) “romántica” y sí bastante más pragmática. Según Paumier, y siguiendo lo que afirma un viejo tratado sobre los vampiros, Alexis podría dejar de ser un no-muerto si cumple con dos requisitos: si deja en libertad a un ser humano que trabaja a sus órdenes como esclavo (como el gánster que ha llevado a cabo el atraco al banco móvil de sangre para proveerle de “alimento”), y si se enamora de una mujer que no desconozca su condición de vampiro y que a pesar de ello corresponda a su cariño.

La gracia del asunto reside en que Alexis se enamora de una mujer que vive en el mismo edificio de apartamentos que él (Karyn Balme), y que además resulta que es… ¡dentista! No por casualidad, y como si se tratara de una premonición de que su existencia como vampiro está llegando a su fin, unos días antes Alexis empieza a quejarse de… dolor de dientes (sic), hasta el punto de acercarse a una farmacia para que le vendan algún tipo de analgésico que le alivie. Poco después se fija en su hermosa vecina, que le atrae por partida doble y sin que todavía sea del todo consciente de ello: porque, al ser dentista, puede curar su dolor, y si además fuera alguien capaz de amarle, podría “curarle” del vampirismo y permitirle volver a tener una existencia humana normal. Resulta significativo que, en la primera visita a su consulta, la dentista resista la visión de los colmillos de Alexis sin aterrorizarse (incluso le dice: “Debería usted haber acudido a mí antes”), y que eso decida a Alexis a enamorarse de ella. Hay que retener, asimismo, un bonito detalle de puesta en escena, bastante inesperado, además, dentro de un telefilm bastante chato a nivel de expresión visual en imágenes: ese plano general en ligero semipicado en el cual vemos a la dentista paseando a su perro por la calle desde el punto de vista de Alexis, que la mira a distancia pero con creciente interés: la mujer lleva sobre los hombros una especie de capa o sobretodo negro… que la hace parecer una vampiresa. También hace gala de una notable carga irónica el final del episodio: Alexis libera a un esclavo humano que estaba a sus órdenes, un jefe del hampa más peligroso todavía que el gánster al cual obligaba a robar sangre para él, y que nada más quedar libre del influjo del vampiro es detenido por la policía, en virtud de un pacto al cual han llegado Alexis y Paumier; en la última escena, Alexis ve su primer amanecer en siglos, abrazado a la dentista, la cual le pide un favor: que le deje arrancarle sus colmillos de vampiro, de cara a sustituirlos en el futuro por piezas dentales de apariencia normal y asegurar así su integración: el último encuadre del telefilm consiste, precisamente, en un primer plano de uno de los incisivos del exvampiro depositados por la dentista en su bandeja de metal después de habérselo arrancado con unas tenazas, a modo de simbólica mutilación fálica de ese no-muerto que ha aceptado voluntariamente volver a ser un mortal.

3 comentarios:

  1. Perfecto, ya que nos has enseñado este apetitoso caramelo y nos has dejado con ganas de saborearlo, dónde se puede localizar esta serie.

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  2. Buenas tardes, Anónimo:

    Esta serie he tenido la ocasión de revisarla hace poco en una edición francesa en DVD de dos discos, cuya carátula es la que aparece reproducida al principio del artículo.

    Se trata de una edición de Ina Éditions, dentro de una colección titulada Les Inédits Fantastiques,que recoge series de televisión francesas de temática fantástica de los años 60, 70 y 80. La compré en una tienda especializada de Barcelona que se llama Freaks (sic), en la calle Ali Bei, nº 10, y que tienen una página web: wwww.freaks-books.com. (Juro que no tengo comisión: ¡debería...!).

    Si no, puedes mirar a ver en la web de Ina Éditions (www.ina.fr) y en su boutique virtual (www.boutique.ina.fr).

    La serie está en v.o. francesa, pero si dominas un poco la lengua de Molière, te recomiendo un truco: verla con los subtítulos para sordos activados, lo cual ayuda mucho a la comprensión.

    Espero que todos estos datos te sean de ayuda.

    Un saludo cordial.

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  3. Muchísimas Gracias Tomás.

    Toni

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